• ¿Somos animales monopolistas?

    08.04.2008 | Categoría: Sociedad y Comunicación | Etiquetas:

    monopolioLlevamos un buen montón de fusiones, adquisiciones y transfusiones en Internet, desde que Microsoft compró Hotmail (alguien se acuerda que no sean la misma cosa) en 1998 y desde entonces la ola no ha parado: AOL se unió a Time Warner y compró luego Netscape, Ebay se hizo en 2002 con PayPal y luego se zampó Skype. Más recientemente tenemos la adquisición de Myspace por la empresa de Rupert Murdoch y sus posteriores acuerdos con Google. El amor entre empresas y lo que estas producen no ha parado: Yahoo se merendó Flickr y Google a YouTube.

    En Internet las buenas ideas se expanden con una gran celeridad y a las empresas no les da tiempo a desarrollar estrategias de competencia, así que la táctica más común es comerse al potencial competidor antes que se haga lo suficientemente fuerte que pueda comerte el a ti.

    El caso más paradigmático es el de Google, que pasó de ser un curioso buscador a la empresa más poderosa de Internet, frustrando las intenciones hegemónicas de Microsoft, que, de pronto, se dio cuenta donde estaría el negocio del futuro. A los de Microsoft no paran de crecerle los enanos, pero todavía no se da por vencida. Si al auge feroz de Linux ha contrapuesto un pequeño guiño a los desarrolladores, permitiéndoles acceder a parte de su código fuente; en el caso de Internet su apuesta parece ser la adquisición de Yahoo, aunque esta última compañía se está haciendo querer y ha rechazado una oferta de 44.600 millones de dólares. Son cifras que asustan si uno no está habituado, yo vendería ahora y no marearía mucho la perdiz, porque seguro que hay algún nuevo gigante aún no conocido que está acechando en la oscuridad (ojo a Baidu el buscador Chino).

    Pero si desde el punto de vista de las empresas este afan de amor y hermandad está justificado, ¿lo es tanto desde el punto de vista de los usuarios?. Al parecer todos apostamos a caballo ganador, y así pasamos de Unix a Windows, y de Hotmail a Gmail, y hasta de Windows a Linux, casi sin pensar, con el miedo de quedarnos con algún muerto (¿dónde están el Amiga o los juegos Sega?). Al parecer nos conformamos con un par de caballos por competición y nosotros mismos empequeñecemos el campo de juego. Y cuando todo el pescado está vendido (nosotros lo hemos comprado), nos quejamos amargamente y pedimos leyes anti-monopolio.

    En el fondo, aunque participamos de la idea de la diversidad, luego nos comportamos como consumidores gregarios, que siguen al manso del rebaño, aunque nos lleve al precipicio.

    Comparte!