• Música, diseño y Béla Bartók

    07.10.2008 | Categoría: Sociedad y Comunicación | Etiquetas:

    Que cada cual aguante su Béla BartókAyer, volviendo de un concierto de la cantante y pianista Eliane Elias (y su estupendo grupo), me planteaba mi forma de trabajar y la influencia que tiene la música en mi trabajo y en el de mucha otra gente. Hay personas que necesitan un completo silencio para concentrarse y otras que son capaces de hacerlo en los ambientes más cargados. Personalmente prefiero tener un fondo musical cuando trabajo, normalmente instrumental, porque los textos suelen distraerme. Dependiendo del tipo de trabajo puedo seleccionar un tipo de música u otra. También, al contrario,  es fácil que según la música que estoy escuchando mi trabajo se defina por un determinado camino.

    Esta relación entre música y otras artes o artesanías se ha dado históricamente e incluso crea analogías. Así se habla de tonos musicales, de matices, de obras sombrías o luminosas. También en la pintura nace la idea del ritmo y el tempo, según las formas, colores o incluso la fuerza de las pinceladas. En el fondo la ciencia estaría diciendo que todo depende de la longitud de onda con que se vea (o escuche).

    Encuentro un viejo artículo un blog que resume esta relación de forma precisa:

    Como artes hermanas, la música y la pintura comparten un vocabulario común. los colores tienen tonos y armonías mientras que en ambas artes se habla a menudo de composiciones…

    De hecho existen artistas que han basado su obra en la traducción de la música en pintura, como los conceptos que utiliza Phillip Schreibman y que podemos ver en su web. O al contrario músicos que se han inspirado en pinturas para sus composiciones, el caso más conocido son los famosos Cuadros para una Exposición de Músorgski.

    Pero no me quiero poner pedante, la historia del arte alberga muchos ejemplos de esta relación. Más que nada quería excusarme por que últimamente utilizo demasiadas líneas quebradas y armonías poco habituales en mis trabajos y todo se debe a un exceso de música de Bartók en la programación de Rádio Clásica.

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