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Topología de red y cambio social
Parece que con la crisis se ha abierto otra vez el debate sobre el modelo de sociedad, aunque todos sabemos que la gente (es decir los que mandan), sólo están haciendo tiempo hasta que pase y todo vuelva a ser como antes (diversión y dinero que cae del cielo).Los que trabajamos pegados a Internet detectamos algunas tendencias que quizás con el tiempo (como ahora la preocupación por el medio ambiente) puedan salir a la luz. La Red, además del intercambio de humo, permite el intercambio de ideas ( ¡Ah! ¿No lo sabían? ). La mayoría de estas ideas apuntan a la posibilidad de que las redes de intercambio personal, las famosas P2P, pasen de dedicarse al pirateo de canciones pop, a convertirse en modelos en los que la gente pueda intercambiar bienes y servicios, sin intervención de intermediarios (lease multinacionales y grandes empresas).
Los movimientos que apoyan esta traslación no se basan en grandes ideologías, sino en la búsqueda de métodos más baratos y una mejor calidad de vida. Algunos de estos nodos de contacto como kashklash, se interesan por buscar sustitutos al dinero. Otras se dedican más al intercambio de conocimientos y estudio de alternativas como P2P Foundation.
Las nuevas formas sociales se basarían en topologías de red en malla, conectadas por nodos descentralizados, en las que las relaciones se producen a nivel de igualdad entre los propios usuarios, que se apoyan e intercambian servicios y necesidades. La estructura actual se basa en redes con un gran centro, que presta servicios al usuario, y por supuesto es el que decide los servicios y necesidades que tiene el usuario en cada momento, a partir de sus propios intereses (o estudios de marketing, que lo mismo da).
Actualmente estamos siendo bombardeados por campañas institucionales que nos incitan (sobretodo a los empresarios) a la Innovación. La idea de innovación se centra normalmente en lo tecnológico, sin interés por los cambios sociales.
Por último voy a enumerar algunos proyectos que me parecen interesantes:
- El movimiento del software libre y el copyleft: un movimiento ya consolidado, que permite acceder a fuentes de información libres de derechos y al uso de programas informáticos, tan buenos como los comerciales, sin coste alguno (o aportaciones voluntarias).
- La producción de energía en red: basada en la idea de producir energía allí donde se necesita, en pequeños módulos, mediante pilas de combustible y métodos alternativos (solar, eólica, pequeñas centrales hidráulicas..). Su desarrollo depende del avance tecnológico, pero también del cambio en las políticas energéticas. Permite grandes ahorros, ya que evita las pérdidas derivadas del transporte. Los excedentes de cada módulo se devuelven a la red, que regula el flujo entre usuarios, convertidos ahora en productores y consumidores, alternativamente. Como defiende el economista Jeremy Rifkin, en su libro La Economía del Hidrógeno.
- El uso compartido de vehículos, casas y todo tipo de productos: como medio de luchar, por una parte con el despilfarro del exceso de producción, del gasto energético y la especulación inmobiiliaria. Se basa en cambiar el paradigma social del derecho de propiedad, al del derecho de uso. Costumbres como el carsharing o bicing, dentro de un movimiento teórico llamado Desmaterialización de la Economía.
- Los servicios financieros en red: todavía poco desarrollados, intentan conseguir que las pequeñas economías se apoyen unas a otras, a través de pequeñas entidades financieras que operan en Internet. Servicios como Paypal, por ejemplo, cobran comisiones inferiores, en pagos y transferencias, a las tradicionales de los bancos y cajas. También podríamos incluir aquí las experiencias de micro-créditos iniciadas por Muhammad Yunus o la banca mutualista.
- Redes de intercambio de tiempo de trabajo: en estas redes el usuario ofrece ciertas horas de trabajo en una actividad que domina a cambio de otras horas en un servicio que necesita. Por ejemplo un carpintero podría arreglarme un suelo en mal estado a cambio de que yo le haga una página web. Los bancos de tiempo como el de Valladolid se va extendiendo, aunque es complicado encontrar siempre lo que necesitamos.
Podríamos añadir algunos ejemplos más de estas tendencias, que algunos calificaran de utópicas, pero tambien lo era a principios de siglo la jornada de 8 horas (¡buff…, quién la pillara!).

